Claudia Gutiérrez

No hay cielo sin nubes
29 septiembre
- 14 noviembre 2021

No hay cielos sin nubes, ni paraíso sin serpientes se divide en dos muestras que representan fragmentos del paisaje urbano. Este es el primer montaje, No hay cielos sin nubes, se conforma de bordados bidimensionales y tridimensionales. Extractos de paisaje intervenidos y ruinas de la ciudad de Santiago

Claudia Gutiérrez explora situaciones límites ocurridas en las periferias de las ciudades por medio de la técnica del bordado, teniendo como protagonistas la vulnerabilidad y violencia que ocurre en las calles de Chile.

“La periferia, del griego “contorno de un círculo o esfera” es el área más porosa de las ciudades, un territorio que antecede a la frontera, un espacio donde lo urbano convive con lo rural, donde los restos, aquello que “sobra” (social y económicamente) encuentra su hogar.  La periferia acarrea el estigma de lo marginal, lo que no cabe, lo que ha sido expulsado, lo abyecto. Lo que ha de evitarse so pena de sucumbir a su fuerza centrífuga. En las tragedias griegas, el exilio a las afueras de la ciudad era un castigo peor que la muerte.

Estos restos relegados al margen son generados por el exceso del modelo industrial de producción, cuya economía se basa en el lucro y la superabundancia, creando un escenario post-urbano de desechos industriales y arquitecturas improvisadas cuya provisionalidad se convierte en permanencia. Lugares que escapan a las normativas urbanas, estas áreas son tratadas como espacios homogéneos de gentes anónimas y oscuras, olvidando que son precisamente estas personas las que permiten que la maquinaria citadina pueda funcionar. Las comunidades entretejidas que allí habitan, generalmente más generosas y solidarias que aquellas de los barrios centrales y suburbanos, tienen libertad creativa total, aunque poco o ningún acceso al mercado del arte. Son precarias en todo sentido menos el afectivo”. Celeste Olalquiaga – Historiadora Cultural

La obra de Claudia muestra rayados de la periferia, terrenos eriazos, basurales y muertes violentas en colores alegres que chocan con la desolación que retratan. Al igual que las arpilleras de Violeta y aquéllas que denunciaban a la dictadura, estos bordados perturban y desestabilizan al emparejar a las imágenes con la belleza y el detalle de su labor.  La historia del arte moderno y contemporáneo tiende a descalificar a los tejidos como obras artesanales, relegándole a un estatus secundario al igual que a gran parte del arte realizado por mujeres, que apenas comienza a ser visibilizado. Los tejidos de Claudia, al igual que los de artistas como Loreto Millalén, Vanessa Barragao, Sheila Hicks y Carlos Arias, muestran cómo la artesanía y el arte se solapan, cómo una visión política va allende las banderas y los símbolos, y cómo una forma artística menospreciada permanece y finalmente vence a través de algo tan aparentemente sencillo e inocuo como un tejido manual.

Registro fotográfico por Bodega Estudio