Norton Maza fabrica maquetas a escala, construidas con elementos residuales, encontrados, producidos, pintados, apropiados, comprados, reconstruyendo su historia de la humanidad y tensionándola con los abusos de poder religiosos, políticos y sociales de la actualidad. A su vez, utiliza la ironía para hablar de museografía en la historia del arte y de las redes de comercialización de arte contemporáneo. Imágenes políticas y escalofriantes, tanto por su profundidad formal como por la carga de representación de la realidad. Los cruces que determinan esta salida, tan sistemáticamente planteada, son aquellos que nadie en las esferas del poder fáctico ha podido traspasar. El arte en este caso interfiere en la percepción, re-codificado el diario vivir.